Vámonos con Pancho Villa (1935)

César Benítez

 

El pasado viernes 28 de abril se exhibió en la Sala de videoconferencias de la UNAM-ESECA la película mexicana ¡Vámonos con Pancho Villa!, realizada en 1935 bajo la dirección de Fernando de Fuentes. Este clásico de la cinematografía nacional está considerado por críticos, directores, especialistas, productores y otras personas relacionadas con el medio y que fueron encuestadas hace poco más de 10 años por una revista especializada, como la película número uno dentro de la historia del cine mexicano del siglo XX. Estos son algunos aspectos importantes de la misma:

 

Ficha técnica:

 

Una producción de:

Clasa Films

Género:

Drama de la revolución

Duración:

92 min.

Sonido:

Monoaural

Dirección:

Fernado de Fuenttes

Asistente de Dirección:

Miguel M. Delgado; anotadora: Matilde Landeta

Producción:

Alberto J. Pani; supervisión: Celestino Gorostiza y C. Argüelles

Guión:

Fernando de Fuentes y Xavier Villaurrutia,

sobre la novela de Rafael F. Muñoz

Fotografía:

Jack Draper; operador de cámara: Gabriel Figueroa,

ayudante: Enrique Solís

Escenografía:

Mariano Rodríguez Granada y Antonio Ruiz

Edición:

José Noriega

Sonido:

Eduardo Fernández y Rafael Ruiz Esparza

Música:

Silvestre Revueltas

Supervisión Militar:

coronel J. B. Vega

 

Reparto:

Antonio R. Frausto                            Tiburcio Maya

Domingo Soler                                  Pancho Villa

Manuel Tamés                                   Melitón Botello

Ramón Vallarino                               Miguel Ángel del Toro, "Becerrillo

Carlos López "Chaflán"                    Rodrigo Perea

Raúl de Anda                                     Máximo Perea

Rafael F. Muñoz                                Martín Espinosa

Alfonso Sánchez Tello                      General Fierro

Paco Martínez                                               General Huertista

Dolores Camarillo "Fraustita"                     Lupe, esposa de Tiburcio

Consuelo Segarra                            viejecita

David Valle González                                   Chon

Max Langler                                       El Flaco

Miguel M. Delgado                           doctor

Silvestre Revueltas                           pianista en el bar

Jesús Melgarejo                                soldado

Pedro Valenzuela                             soldado

José del Río                                       Pedro, hijo de Tiburcio

Esperanza Gómez                            posa de Tiburcio (secuencia final)

Gloria Barón                                      hija de Tiburcio (secuencia final)

Sinopsis:
Durante la revolución mexicana, un grupo de rancheros que han conocido los abusos del gobierno y que tienen ideas progresistas, conocidos como los "Leones de San Pablo" se unen al ejército de Pancho Villa. Después de algunas batallas, con más derrotas que victorias, el grupo original es reducido a dos: Tiburcio Maya y el joven "Becerrillo". Una epidemia de viruela se desata entre la tropa y "Becerrillo" cae enfermo. Villa ordena a Tiburcio matar al joven e incinerar su cuerpo. Desencantado, Tiburcio abandona la revolución y regresa a su pueblo.

Comentario:
El reconocimiento a este clásico del cine mexicano llegó varias décadas después de su menospreciado estreno. El rodaje se vio plagado de problemas financieros y una enfermedad del director postergó la filmación durante varios meses. Finalmente, la cinta se estrenó el 31 de diciembre de 1936, en el cine "Palacio" de la capital mexicana y duró solamente una semana en taquilla.

Para entonces, De Fuentes había estrenado el que sería el primer "taquillazo" del cine mexicano: “Allá en el Rancho Grande” de 1936. La popularidad que alcanzó esta comedia estelarizada por Tito Guízar y Esther Fernández eclipsó en su tiempo al poderoso drama sobre el desencanto de la revolución que es ¡Vámonos con Pancho Villa!

A principios de los años sesenta, la crítica y el movimiento de cine clubes mexicanos rescataron del olvido a Vámonos con Pancho Villa. La cinta se convirtió, junto con El compadre Mendoza del mismo De Fuentes, en el paradigma del mejor cine nacional.

¡Vámonos con Pancho Villa! volvió a ser noticia en 1982, cuando se transmitió por televisión una versión hasta entonces desconocida, que incluía un final en el que Pancho Villa regresa por Tiburcio Maya y le pide que vuelva a combatir en su tropa. Al negarse, Villa mata a Tiburcio, a su mujer y a su hija, y se lleva al pequeño hijo de los Maya a la revolución. Este bi simbolismo resultó, finalmente, en algo disímbolo. Se ignora si este final fue censurado, o si el propio De Fuentes decidió eliminarlo por encontrarlo innecesario o demasiado cruel. Para el crítico e historiador Emilio García Riera, "la película queda mejor con el final comúnmente visto, un final desencantado que redondea bellamente una obra excepcional del cine mexicano."

Notas:

Sin duda ¡Vámonos con Pancho Villa! representa una película medular en la historia del cine mexicano. En ella se dan los elementos esenciales para ser considerada una obra maestra del cine mundial. Es decir, un director de talento como Fernando de Fuentes, un artesano que tiene momentos de creación cinematográfica excepcionales que se aprecian desde la primera escena donde una pieza de artillería se convierte, después de un cañonazo, en una ametralladora que, a su vez, es un rifle el que, finalmente se traduce en unas manos morenas que hacen tortillas, así, en unos cuantos segundos, De Fuentes aborda dos aspectos: el ritmo y el símbolo de la revolución, de otra manera ¿para qué tantas armas? Para poder comer tortillas.

 

Esta es una historia cruda pero no desprovista de emoción escrita por Rafael F. Muñoz quien, curiosamente, actúa en esta cinta en el papel de uno de Los leones de San Pablo: Martín Espinoza, interesante apunte en la historia de un hombre de letras y prestigiado autor de la llamada “novela de la Revolución”. En el guión colaboró el poeta Xavier Villaurrutia, uno de los más importantes autores del grupo llamado Los Contemporáneos y considerado por no pocos estudiosos como el mejor poeta mexicano del siglo XX junto con Octavio Paz y Ramón López Velarde (aunque la lista puede aumentar en buen número). La música está a cargo nada menos que de Silvestre Revueltas quien tiene una actuación especial en la película como ¡músico de cantina! Es de recordar la escena en donde Revueltas saca un pequeño letrero en el que se lee “Favor de no dispararle al pianista”. En la fotografía colaboró Gabriel Figueroa, sin lugar a dudas el mejor fotógrafo hispanoamericano del siglo pasado; como asistente de De Fuentes trabajó Matilde Landeta, quien a su vez se convertiría en la primera directora de cine en Latinoamérica.

 

Acerca de la actuación vale la pena comentar que el reparto estuvo encabezado por el primer actor Antonio R. Frausto, quien iba a trabajar luego en muchas películas aunque ya no en el plano estelar, injustamente porque en este filme su trabajo actoral fue estupendo. Domingo Soler, de la dinastía de los Soler junto con sus hermanos Fernando, Andrés, Julián y Mercedes (ésta última apenas conocida) de una familia teatral (los Díaz Pavía, apellido original de los hermanos) que vino de España aunque ellos radicaron en Coahuila. Domingo es el tercero en edad y sus caracterizaciones fueron casi siempre de sacerdote, de galán maduro y representó a varios héroes, entre ellos José María Morelos y, desde luego a Pancho Villa. Su actuación como El Centauro del Norte fue tan fuerte que hay personas que confunden a Pancho Villa el verdadero con “una actor” y de Domingo Soler aseguran que es “el real” Pancho Villa. Carlos López “Chaflán” era, para 1936, uno de los más connotados actores cómicos de México, salido de las carpas como Cantinflas, como Medel y tantos otros, Chaflán gozaba de las simpatías del público por sus dotes histriónicas y de carácter, su personaje El Chaflán, era lo mismo pícaro que sensato, mundano que espiritual, ladino y gentil. Su prematura muerte (murió ahogado en el río Pánuco) impidió culminar una brillante carrera en el cine nacional. Raúl de Anda se convertiría, al paso de los años, en el personaje “El charro negro” que se hizo popular por la saga en la que el intrincado charro vengador de los pobres vencía a todos los terratenientes. Finalmente Dolores Camarillo haría una larga carrera en el cine, primero como actriz representando papeles inolvidables y después como peinadora y maquillista estrella. Fue esposa de Antonio R. Frausto y mejor conocida en el medio como Fraustita.

 

Vámonos con Pancho Villa representa pues el momento en el que el cine mexicano se encuentra consigo mismo, es decir, el cine de México tiene qué decir y cómo decirlo: historia, director, actores, escenarios, público y marca, junto con Allá en el rancho grande del mismo De Fuentes no solamente el nacimiento de una industria sino el inicio del la época de oro del cine nacional.

 

A la izquierda el “verdadero” Pancho Villa, a la derecha Domingo Soler (¿o viceversa?)

A la izquierda Antonio R. Frausto (Tiburcio Maya), entre Rafael F. Muñoz ( Martín Espinoza ) y Ramón Vallarino (Becerrillo). A la derecha el mismo Frausto, detrás de él Manuel Tamés (Melitón Botello) y El Chaflán (Perea)

Mapy Cortés, Joaquín Pardavé Anita Blanch, Dolores Camarillo, Agustín Insunza y Consuelo Guerrero de Luna en ¡Ay que tiempos Señor Don Simón!

Carlos López "Chaflán", la niña Evita Muñoz “Chachita” y Anita Blanch en Ave sin rumbo