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China ha normalizado sus relaciones con sus vecinos y con muchos países del mundo,
participa en foros internacionales y regionales y se encuentra en el centro de una red de vínculos
comerciales y financieros orientados a la consecución de su modernización económica. Así, China se ha beneficiado de su integración en el mundo y una nueva generación de dirigentes parece asumir un nuevo concepto de las relaciones internacionales basado en la cooperación más que en la competencia por el poder.
El acceso al poder de una generación más joven tras el XVI Congreso del Partido Comunista Chino (PCC) y el impacto de la adhesión a la Organización Mundial de Comercio (OMC), marcaron un período de transición de China. Los objetivos anunciados por Jiang Zemin, el cuadruplicar el PIB para el 2020 y la consolidación de la clase media, denotaron un gobierno preocupado por la stabilidad de su sistema y la elaboración de un proyecto de país. Las estrategias de Hu Jintao son la liberalización económica, el énfasis en convertir a China en un líder regional, minimizar la brecha entre sus poblaciones rural y urbana, y reducir el desempleo, definen a China como un Estado en camino a volverse una potencia mundial.
Desde la perspectiva China, su status internacional y su seguridad externa derivan de su propia estabilidad nacional y del desarrollo de su economía. Al buscar un equilibrio entre el mantenimiento de la legitimidad del régimen frente a sus ciudadanos y su posición internacional a largo plazo, la diplomacia china depende tanto de la evolución de la reforma económica, de la paz social y de la autoridad del gobierno, como del entorno exterior. Se piensa que la proyección internacional avanzará según se consolide el impulso reformista. |