La violenta visita en Teatro completo . Fernando Sánchez Mayáns,  CONACULTA/escenología ac, 2005, México, 47 pp.

Reseñado por: Clara Zamora
Estudiante del Colegio de Literatura Dramática y Teatro
Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM

“En un país corrompido por el mito enfermizo y por la falsa tradición: en un país en que la tradición parece una invención cotidiana: en un país que cuando no es pasional hasta el crimen es sentimental hasta el suicidio, el teatro de ideas resulta particularmente difícil”

Rodolfo Usigli.  

Fernando Sánchez nació en Campeche,México, en 1923 y falleció el 27 de diciembre de 2007. Distinguido por su ardua y larga carrera como embajador y gestor cultural, también desarrolló una amplia producción literaria que abarcó casi todos los géneros. Admirador de los grandes escritores eruditos de generaciones anteriores a la suya como Francisco Monterde y Rodolfo Usigli quien, además, fue su maestro en la Facultad de Filosofía y Letras por breve tiempo, pero que sin duda dejó en él una huella imborrable pues sus carreras son muy parecidas e incluso sus estilos de vida a través de los años.

Ambos estudiaron en la misma facultad de la UNAM y posteriormente en el extranjero: en Yale, por ejemplo. Ambos se desempeñaron cono funcionarios en el área teatral, literaria y artística dentro del país, y como representantes culturales en diversas naciones. También son una muestra del intelectual integral, que escribe ensayo, poesía, teatro, artículos y conferencias, y que hace traducciones de autores notables de la literatura universal, ya que domina diferentes idiomas, además de cultivar un gusto por la música, la pintura y las artes todas.

Se ha considerado miembro de la generación Mascarones, misma a la que pertenecen Rosario Castellanos, Emilio Carballido y Sergio Magaña, entre otros. Una generación de importantes escritores renovados en sus temas y en sus formas literarias. De este grupo, a mi parecer, los que más insisten en hacer un teatro al que se le ha llamado teatro de ideas, y que con toda intención citan a debate posturas ideológicas de fuerte oposición y serios desenlaces realistas en sus obras, son Luisa Josefina Hernández y Fernando Sánchez Mayans quien, además, en la estructura formal de su obra La violenta visita retoma algunos modelos clásicos.

Esta obra fue estrenada en México en 1971, poco después de haber sido terminada por su autor, quien contó alguna vez cómo surgió la idea de escribirla: durante su estancia en Guatemala como Agregado Cultural de la Embajada Mexicana, fue testigo de momentos de agitación a causa de las guerrillas que se desataron en Centroamérica y Sudamérica en la década de los sesentas. Su esposa estaba embarazada. Una noche, ya habiendo sonado el toque de queda en la ciudad capital, ella empezó a sentir dolores de parto y en un jeep del ejército fueron trasladados de la residencia oficial al hospital. En este lugar, Fernando conoció a un guerrillero que había pedido refugio al gobierno mexicano y posteriormente le fue asignado el cuidado de este exiliado guatemalteco; así tuvo la oportunidad de sostener algunas charlas ilustrativas con respecto a ese momento histórico. A Sánchez le impactó la convicción con que este hombre defendía sus ideales, aún debatiéndose entre la vida y la muerte.

Entre los relatos de este guerrillero figuraba la presencia de una pareja de religiosos que habían sido sancionados por romper sus votos de castidad; a esta falta se agregaba el agravante de haberse relacionado con un grupo armado disidente del gobierno. Fue entonces cuando nuestro autor decidió tender un puente entre estos dos personajes que habían causado su sincera admiración y obtuvo una obra de grandes vuelos literarios.

En otro momento de su actividad diplomática, en un avión, tuvo como compañera de viaje a una investigadora universitaria norteamericana quien le hizo saber el paradero de la pareja heroica de su pieza: el exilio.

La anécdota de la obra teatral se desarrolla en una comunidad indígena “situada en un lugar apartado y montañoso de algún país de América Latina.” Por las referencias biográficas que tenemos del autor, bien podríamos pensar en Guatemala. Sin embargo, cuando se montó en México en la Escuela Nacional Preparatoria de la UNAM, en 1995, hubo quien opinó que se trataba de una clara alusión al conflicto armado zapatista estallado en Chiapas, poco tiempo atrás.

En la obra se mencionan la selva, las fincas cafetaleras, un río llamado La Esperanza, los indígenas con apellidos mayas, así como la figura de un mestizo, subcomandante de las fuerzas rebeldes.

El padre Tomás y la madre Isabel, misioneros encargados de asistir a esta comunidad con sus lecciones agrícolas y la enseñanza del evangelio, se han involucrado activamente en el movimiento armado. Ellos representan el sector de la iglesia que toma partido por los más desprotegidos y no se hace de la vista gorda ante sus necesidades materiales, más allá de las espirituales. El padre Tomás en su defensa ideológica dice “o estamos con los pobres, o estamos en contra de Cristo; a eso se reduce el problema de la iglesia”, frase claramente acorde con la Teología de la Liberación. Además, este par de luchadores sociales con hábitos religiosos se ha enamorado y mantiene una relación de pareja, con todo y relaciones sexuales, olvidando así también sus votos de castidad.

El padre Arturo Alfaro, un monseñor al que se define como experto en cuestiones disciplinarias representa el otro sector, el sector duro de la jerarquía eclesiástica que condena incesantemente estos actos de rebeldía y busca a toda costa el arrepentimiento de las ovejas que se han apartado del aprisco, para que puedan alcanzar el perdón del Señor. Su discurso llega a ser el de un fanático que repite febrilmente los dogmas aprendidos hace mucho tiempo, y que también busca su propia tranquilidad al saberse un superior de la institución que debe hacer todo lo posible por cumplir su trabajo, como cualquier espía de corporación con la camiseta bien puesta. Es su figura la que le da nombre a la obra, ya que su visita desata un violento debate de ideas entre los personajes. Luego viene la condenación moral de parte suya a los insurrectos, aunada a la represión del Estado por medio del ejército, pues de todas formas la orden de caer sobre el poblado y sofocar el levantamiento ya estaba dada por el gobierno.

Según la preceptiva clásica de la poética aristotélica, nuestra obra cumple cabalmente con las tres unidades de la tragedia: acción, espacio y tiempo. Además está presente el asunto mítico de fondo ya que cuando la obra inicia vemos al personaje del indígena informar al padre Tomás del descontento que hay entre las viejas de la comunidad, pues saben que existen pecados ocultos, que Dios los conoce y por eso no envía la lluvia. Es decir hay caos; el orden cósmico está alterado y se manifiesta por medio de signos en la naturaleza. Como ya mencionamos, la acción se desarrolla en tiempo real y al final de la misma, cuando ya han apresado a los religiosos rebeldes y el guerrillero emboscado viene a morir en manos del monseñor; cuando el teniente del ejército ha dicho que colgarán sus cuerpos en la plaza para servir de escarmiento, el indígena, aún triste por el fin que tuvieron sus amigos, se percata entusiasmado de que la lluvia está comenzando a caer. Una vez más esa fuerza intangible superior a los hombres, cobra su cuota y se revela ante las pequeñas criaturas cuando ha saciado su hambre para que ahora ellas sacien su sed. La obra termina con una más que significativa frase en labios nada menos que del padre Arturo: “Homo, homini lupus”, es decir “El hombre es un lobo para el hombre”.

Descanse en paz, maestro Sánchez Mayans.