Vivir para contarla

Por Myriam Wills

Mi experiencia personal, leyendo a Gabriel García Márquez contar su historia, ha sido envolverme en esa magia que él ha plasmado en sus novelas y que ahora descubro en su vida: presente en creencias, símbolos, premoniciones; presente en las regiones de su niñez, en las peculiaridades de sus antepasados, en leyendas y mitos con los que él creció; en el hilo conductor que lo ha ido llevando a donde debía ir. Sé que la magia y el surrealismo están presentes en nuestras vidas, pero no siempre tenemos la sensibilidad para descubrirlos.

Leyéndolo he hecho un recorrido en el recuerdo; un recuerdo de mis propias vivencias en la patria lejana, mezcladas y enriquecidas con sus vivencias en lugares y tiempos comunes y familiares para él, para mí, para muchos de nosotros. Ha sido descubrir una patria de carne y hueso, con todas sus grandezas y pequeñeces que a veces en la distancia idealizamos.

Me ha emocionado especialmente vivir paso a paso el proceso de formación de un genio de la literatura. Él desmenuza y detalla esos procesos de la inspiración, cuando le asalta la explosión de una idea que pugna por salir y ser expresada y arremete con fuerza y en el laberinto entre la inspiración y la palabra se pierde, se confunde, se esfuma para reaparecer más tarde con perfil diferente. El genio entonces, busca el alma que él quiere infundirle, pero no la encuentra, no logra darle vida … es la aridez de esa misma inspiración que ahora se le esconde. Luego, tras un largo proceso de gestación brota de pronto en una frase, en un cuento o en un relato genial.

Algo que me ha tocado muy hondo es la presencia callada de la madre en todos los momentos de su vida. Ella con su filosofía sencilla y una sabiduría innata, marcó su vida en muchos aspectos; la fuerza de esa mujer de pie siempre, enfrentando las carencias de toda índole que fueron compañeras constantes y la llevaron, como la mujer fuerte del evangelio, a rescatar lo esencial sin detenerse en convencionalismos o amilanarse ante la adversidad. Esa fuerza interior plasmada en las memorias de su hijo la hacen trascender más allá de sus silencios y de sus frases cortas, pero tan profundas y llenas de sentido humano y de sabiduría; la lealtad hacia su familia de ella la aprendió.

Hay tanto que decir de estas 579 páginas que engloban parte de una historia que no es la historia de un hombre; es la historia de una época, de un país entero que ‘en surcos de dolores’ no encuentra todavía la ruta hacia la paz.

Escojo uno más que me ha llegado profundo al alma: es el valor de la amistad en su vida. Él la engrandece a través de todo su relato; la amistad sin barreras, sin máscaras, abierta, leal e incondicional, más alla de apariencias, estatus y mentiras sociales. Gabriel las llama "mis amistades milagrosas con adultos de las artes que me dieron el ánimo para continuar en los años más inciertos de mi vida" .

Yo no creo en el destino, pero el cruce de caminos con aquellos que marcaron su ruta en forma tan clara y definitiva, me hace pensar que hay una fuerza que nos guía y nos conduce y endereza caminos cuando los equivocamos, para llevarnos al fin para el que fuimos creados. Y ahora espero con impaciencia la continuación de sus memorias.

Gatineau-Ottawa, junio 30 de 2003