| Los olvidados (1950), de Luis Buñuel El surrealismo trágico |
![]() ![]() |
Por César Benítez |
El Jaibo es un adolescente que acaba de escapar de la correccional. De vuelta a su barrio se reúne con sus amigos. Junto con Pedro y otro niño, trata de asaltar a Don Carmelo un ciego cantor ambulante, sin conseguirlo. Días después, el Jaibo mata en presencia de Pedro al muchacho que supuestamente tuvo la culpa de que lo enviaran a la correccional. A partir de este incidente, los destinos de Pedro y de El Jaibo estarán trágicamente unidos. Luis Buñuel Portolés nació en Calanda, Teruel, en Aragón, España en febrero de 1900 y murió en la ciudad de México el 29 o 30 de julio de 1983. En 1917 parte a Madrid, donde se traslada para cursar estudios de ingeniero agrónomo obligado por su padre. Allí conoció al pintor Salvador Dalí y al poeta Federico García Lorca. En el año 1924 obtiene su licenciatura en Filosofía y Letras, un año después, en 1925, asiste a una conferencia que imparte Louis Aragón sobre el surrealismo. La película Las tres luces de Fritz Lang le impresiona vivamente y decide dedicarse al cine, para lo cual se traslada a París e ingresa en la Academie du Cinema para seguir los cursos de Jean Epstein. El 2 de Abril de 1929 inicia la filmación de Un perro andaluz (gracias a un préstamo que le hizo su madre), corto silente de 17 minutos, considerado un clásico del surrealismo, sobre todo por aquella escena donde un hombre corta con una navaja el ojo de una mujer, al tiempo en que una nube parte en dos a la luna. Un perro andaluz tuvo un éxito inmediato e inusitado que continuaría con la controvertida película La edad de oro (1931), donde crítica acremente la moral y las costumbres de su época. Buñuel se convirtió en leyenda, su nombre se asoció a escándalo y tal vez por eso dejó de filmar por varios años. Buñuel trabajaba en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), a mediados de los años 40 cuando una infidencia de Dalí (quien escribió sobre el ateísmo del cineasta) lo marginó del trabajo y lo obligó a regresar a España; sin embargo tuvo la propuesta de filmar una adaptación de La casa de Bernarda Alba de García Lorca y con ese propósito planeó su regreso a Europa. El avión hizo escala en México donde la productora canceló el proyecto y Buñuel se quedó a la deriva sin trabajo ni dinero. Fernando Benítez, quien era entonces secretario del Ministro de Gobernación en México, supo de la presencia del cineasta y trató y logró conseguirle apoyos públicos y privados. Con ellos Buñuel tuvo la oportunidad de dirigir una película fastuosa, con mucho presupuesto, con estrellas como Jorge Negrete y el debut en México de la famosa cantante argentina Libertad Lamarque (corrida —se dice— por Evita Perón la esposa del general Juan Domingo Perón, por celos). La película Gran Casino (1946) fue un fracaso por el cual Buñuel casi decide dejar el cine; pero tuvo la ocasión de filmar una segunda película: El gran calavera (1949) una comedia que tuvo gran éxito, con el notable actor Fernando Soler, y Buñuel se quedó en México y se nacionalizó mexicano. Con la disposición de productores y su solvencia como director, Buñuel tuvo ocasión de dirigir su tercera película en México, con la temática y el tiempo a su favor. Esa película totalmente buñueliana sería Los olvidados. Los olvidados es, por su temática y por la naturalidad de sus actores, una película engañosamente realista. Filmada durante el apogeo de la corriente neorrealista —que propugnaba por un cine casi documental en el que los actores fuesen gente común y los escenarios fueran reales— Los olvidados fue tomada equivocadamente como una cinta semejante a Roma, ciudad abierta (1945) de Roberto Rossellini o Ladrones de bicicletas (1947) de Vittorio de Sica. Sin embargo, el filme de Buñuel mantiene muchos de los elementos que lo convirtieron en el cineasta surrealista por excelencia. Los olvidados es un filme acerca de la fatalidad del destino. Es una película sobre lo absurdo e irracional de la vida misma. Los deseos ocultos, los sueños y las pasiones son los elementos que mantienen vivos a los personajes del filme, podemos decir, que se trata de una película surrealista en un mundo crudamente real, un surrealismo trágico. En toda gran urbe confluyen la opulencia y la miseria, los grandes edificios y los arrabales de casas derruidas, los coches lujosos y las carcachas destartaladas, la vida y la muerte, la supervivencia y el derroche; todo ello producto de una sociedad llena de desigualdades que se devora a sí misma mientras olvida en vertederos apartados a sus propios hijos, víctimas y verdugos de una desidia conductual y educativa derivada de los problemas inherentes al ambiente que los rodean. Luis Buñuel, en un intento de cruda denuncia social dibuja junto a Luis Alcoriza (coguionista) situaciones difíciles, conflictivas y hasta crueles enclavadas en los suburbios de la ciudad de México y protagonizadas por un conjunto de personajes marginados: niños delincuentes en la orfandad física y espiritual, empujados a realizar actos vandálicos y punibles por un Estado que sólo actúa de una manera represora y poco instructiva. La capacidad vengativa e impía de su líder El Jaibo, es un claro ejemplo de un comportamiento arrastrado por una espiral de violencia y atrocidad que sólo conllevará dolor y frustración personal. Pero Buñuel se apega a la historia describiendo con cariño a sus personajes, en especial a Pedro, un niño de buen corazón, incomprendido por su madre e inmerso en el casi natural clima de la criminalidad de una sociedad recién urbanizada exactamente a mita del siglo XX. La figura de Don Carmelo, un músico ambulante ciego añorante de los tiempos de “DON” Porfirio Díaz simboliza a los gobiernos, que ciegos ante lo que sucede en su territorio y más concretamente a las clases menos favorecidas, añoran la facilidad inane de un exterminio físico en vez de la construcción de un sistema más justo e igualitario que desarrolle una paz social y una convivencia mucho más humana. Esta película pone de manifiesto el gran talento de Buñuel como contador de historias, en ella prácticamente no existen escenas de transición, todos los planos contienen esa tensión desgarradora que una película de esta temática necesita, dejando momentos magistrales para sus cuitas surrealistas y simbólicas como la escena onírica de Pedro tras un asesinato, el tratamiento que Buñuel concede a las imágenes en este pasaje es magistral. El erotismo está presente en varios momentos: la leche derramada encima de los muslos de la jovencita Meche (Alma Delia Fuentes), las miradas y diálogos entre la madre de Pedro (Stella Inda) y El Jaibo (Roberto Cobo) antes de que se cierre la puerta violentamente; el ciego con la inocente niña en su regazo; son partes de un filme que junto a su principal materia, la representación árida de la delincuencia juvenil dentro de un brutal realismo muy bien enfatizado por la magnífica fotografía llena de contrastes de luz del maestro Gabriel Figueroa, y las extraordinarias actuaciones de los protagonistas, lo que lo convierten en un verdadero tratado sociológico lleno de matices que mueve a una profunda reflexión en quien la contempla. Los Olvidados obtuvo en 1951 el premio a la mejor película en el festival internacional de cine de Cannes, Francia. En 1951 se le otorgaron los siguientes Arieles: a la mejor película, a la dirección, a la co-actuación femenina (Stella Inda), a la actuación infantil (Alfonso Mejía), a la actuación juvenil (Roberto Cobo), a la fotografía (Gabriel Figueroa), a la adaptación, al argumento original, a la edición (Carlos Savage), a la escenografía (Edward Fitzgerald) y al sonido (José B. Carles). El 30 de agosto de 2003, en una reunión del organismo Memoria del Mundo, de la UNESCO (integrado por los responsables de las principales instituciones públicas y privadas que resguardan documentos impresos, visuales, musicales, fotográficos, sonoros, electrónicos y digitales), organizada en Gdansk, Polonia, fue incluido el negativo de Los Olvidados, junto con otros 23 nuevos documentos. Este programa internacional busca preservar, dar acceso y difundir —mediante el uso de avanzadas tecnologías como la digitalización— libros, manuscritos, archivos, materiales audiovisuales y tradiciones orales que son testimonio de la inteligencia y creatividad humanas. Así, Los Olvidados se une a un total de 91 propiedades provenientes de 45 países del mundo, registrados en el programa Memoria del Mundo desde 1993. La acompañarán la primera Biblia impresa por Guttenberg, el acervo documental jesuita del Archivo Nacional de Chile que resguarda documentos latinoamericanos de los siglos XVII al XIX, el documento original de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, redactada en Francia (1789), 800 grabaciones originales de Carlos Gardel, códices prehispánicos mexicanos y sólo otra película hasta ahora, Metrópolis (1927), la monumental obra expresionista de Fritz Lang, entre otros tesoros de la humanidad. La cinta de Buñuel es, por otra parte, una de las aportaciones más importantes que ha dado Latinoamérica al cine mundial. Si el cine es considerado un arte, mucho se debe a la obra de genios como Luis Buñuel y a filmes como Los olvidados. |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |